Hoy hemos despedido a nuestra querida hna Carmen Puchol

Querida Carmen. Queridos todos, hermanos, sobrinos, amigos y los que nos acompañáis en estos momentos de alegría y dolor.

Alegría porque todos los que hemos conocido y vivido con Carmen sabemos y experimentamos  que su persona  despedía simpatía, bondad, agradecimiento, bienestar. Sabemos que muchas tardes en la merienda era el centro de la reunión, con sus cantos, (se sabía todo el repertorio como a “religiosas conviene” y cómo se entusiasmaba cuando cantaba “cuando el rey vino a Valencia”…etc  y con la fuerza que  terminaba con la frase: “todo valenciano es noble y leal, y las valencianas tienen mucha sal” sobre todo ella.

Dolor, porque al desaparecer de la comunidad deja mucho vacío que tardaremos en llenar. Ultimamente necesitaba ayuda para todo. Tres años en una silla de ruedas dan para mucho  en cuanto a sacrificio,  aceptación y paciencia, pues supone ver  que estás incordiando o molestando en la vida de aquel a quien se le pide el favor. Hace falta ser muy humilde y confiar que la persona que te atiende lo hace con buena cara y dispuesta a ayudarte, por las muchas necesidades y dependencias que se tienen a lo largo del día. A las que estamos fuera de este círculo nos cuesta ponernos en su piel.

Las que tuvimos la suerte de atenderla mas de cerca: (enfermeras, gerocultoras, médicos, cocineras, hermanas,) aprendimos que  en la vida del discapacitado, es necesario tener que  contar con otros, en este caso, nosotros, para sentir que  a ellos, “pedir favores continuamente , les cuesta  y en nuestras manos está el hacerlos con la dedicación y cariño suficientes para que  sientan , que nos dan  la satisfacción de que al  confiar en nosotros nos demuestran su amor y confianza. Con la  ayuda que prestamos nos  sentimos que somos capaces de dejar lo nuestro para salir en ayuda de quienes no pueden hacerlo por sí mismos.   

Por último, Carmen ha sido una Religiosa cien por cien. Todas sabemos la cantidad de rosarios y ave marías que rezaba a lo largo del día. Cuando menos te lo esperabas, tocara o no tocara saltaba con un “Dios te salve María”. Era su melodía particular. Incluso estando en la Eucaristía al rezar el Padrenuestro ella seguía con el Dios te salve María, por si nos olvidábamos…

Solo ella sabe los miles y miles de rosarios que cuentan en su haber….

Personalmente, Doy gracias al Señor porque Carmen me ha enseñado que “AMAR ES SERVIR” Y SIRVIENDO ES COMO VERDADERAMENTE SE AMA”.

Decimos con el Salmo: “Se alegrarán en el Señor los huesos quebrantados". Esta ha sido Carmen.

Julia Sanjuán

 





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